No hay mejor lugar que un colectivo para pensar en las vacaciones... Hoy recordé las mías mientras viajaba en el 65, y éste es el registro pictórico: pintadas y carteles de las calles chilenas. Los "principio de mes", el incipiente calor y el saber que cada vez nos aproximamos más y más al verano (aunque todavía estemos lejos), me llenan de una vitalidad absurda e irracional. Esto, a su vez, me genera un sentimiento inexplicablemente esperanzador en materia de cambios de varios -o casi todos- los aspectos de mi vida y el mundo en general. Así que, aprovecho este arrebato de energía -que en dos o tres día se convertirá en la paja de siempre- para barajar posibles destinos vacacionales del 2015, muy a pesar de los cuatro o cinco meses que nos separan del receso de verano.
No.
No es no, y hay una sola manera de decirlo.
No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto.
No.
Se dice una sola vez,
No.
Con la misma entonación,
No.
Como un disco rayado,
No.
Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones,
no es No.
No, tiene la brevedad de un segundo.
Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí.
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas,
ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo
se pongan patas arriba.
No, es el último acto de dignidad.
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios,
ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha,
ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos;
ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es No, porque no.
Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará
naturalmente de los labios.
La voz del No, no es tremula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna.
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.
- Hugo Finkelstein
No es no, y hay una sola manera de decirlo.
No.
Sin admiración, ni interrogantes, ni puntos suspensivos.
No, se dice de una sola manera.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto.
No.
Se dice una sola vez,
No.
Con la misma entonación,
No.
Como un disco rayado,
No.
Un No que necesita de una larga caminata o una reflexión en el jardín no es No.
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones,
no es No.
No, tiene la brevedad de un segundo.
Es un No, para el otro porque ya lo fue para uno mismo.
No es No, aquí y muy lejos de aquí.
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas,
ni puede dejar de ser No, aunque el otro y el mundo
se pongan patas arriba.
No, es el último acto de dignidad.
No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.
No, no se dice por carta, ni se dice con silencios,
ni en voz baja, ni gritando, ni con la cabeza gacha,
ni mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos;
ni con pena y menos aún con satisfacción.
No es No, porque no.
Cuando el No es No, se mirará a los ojos y el No se descolgará
naturalmente de los labios.
La voz del No, no es tremula, ni vacilante, ni agresiva y no deja duda alguna.
Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No puede decir Sí.
- Hugo Finkelstein
Corto, conciso, casi minucioso.
Una palabra tan sencilla para el habla y tan dura para los oídos. La escuchamos desde que somos chicos, y cómo nos cuesta hacernos amigos y que ésta salga o entre sin miedo en nosotros. ¡Qué chiquita y cuánto poder tiene!
Una palabra tan sencilla para el habla y tan dura para los oídos. La escuchamos desde que somos chicos, y cómo nos cuesta hacernos amigos y que ésta salga o entre sin miedo en nosotros. ¡Qué chiquita y cuánto poder tiene!