jueves, 24 de octubre de 2013

Sacarse un moco frente a la computadora

Qué interesante todo lo que pasa en nosotros cuando nos vemos ante la necesidad o deseo de sacarnos un moco, en privado o en público, y no podemos. 
Rodeados de otras personas probablemente lo más lógico, y casi inmediato, es reprimir ese deseo -aunque algunas personas han desarrollado técnicas para ejecutar la extracción con un notable disimulo, y hasta elegancia-. Pero cuando estamos solos... Ahí empiezan las preguntas y las dudas. Creo que uno se da cuenta de cuán moral, o inmoral, puede ser gracias a los mocos. 
La situación se vuelve grandiosa, y hasta podría perder un poco de su asquerosidad, cuando nos encontramos frente a una computadora y el moco nos pide salir. 
Seguimos estando solos, pero de alguna manera la computadora está ahí mirándonos... No conoce lo que tenemos ganas de hacer, pero nosotros creemos que en fondo, lo intuye. 
La computadora es tu moral, tu conciencia. Está ahí y te vigila. Vos te sentís intimidado; te querés sacar un moco en paz y no podés. Porque no te dejan. No te deja la computadora, no te deja Facebook, no te deja la pestaña de la conversación del chat. 
Ni hablar cuando la computadora es una notebook, o alguna de esas modernas "all in one", que vienen con la webcam incorporada. Nuestra mente, a lo largo de la vida, hizo un registro de entidades y escenas -gracias a la industria cinematográfica- que ahora supone detrás de la cámara: la policía, el FBI, el grupo Swat, un violador, un asesino, la central de un canal de televisión que está grabando todo lo que haces, tipo Trueman Show. Por lo general, uno imagina a todas estas personas juntas, reunidas en una oficina donde no pueden faltar, de ninguna manera, computadoras y teléfonos sonando -si suenan varios al mismo tiempo, mejor-.
La realidad es que todo esto es absurdo, pero sucede: conocí una chica, con la que fuimos compañeras de facultad, que tenía tapada la webcam de su notebook con un cartón y cinta scotch porque "se sentía observada". En ese momento me pareció ridículo, pero después me di cuenta que a esta chica le había pasado algo genial. Se encontró con un temor y lo tapó con cartón y cinta; ella solucionó, y hasta se olvidó del problema. A mí me gusta pensar que sigue usando su computadora pensando en todo "lo que hay" del otro lado de la cámara que la está observando, y para sí se dice "Ustedes están de aquel lado, y yo de éste, y en el medio hay un cartón... ¿Se quieren matar, no? No me pueden ver. Puedo hacer lo que quiero y no me pueden ver". Pero la usa con el mismo temor de antes, porque sabe que todos están ahí, esperando a que la cinta se seque y el cartón se caiga, así pueden volver a verla.
Sacarse un moco frente a la computadora es enfrentarte con lo que vos pensás de vos mismo. Si nadie te está viendo, ¿por qué no te sacas un moco? Si te molesta, no podes respirar, ¡sacatelo! No te lo sacas porque en el fondo sabes que es un asco, o porque te acordás que serías un condenado social si otro te viera hacerlo. 
De alguna manera, le echás la culpa a la computadora... porque te conviene. Porque esa "vigilancia" te intimida, vos no te sacás el moco y entonces, ahora, sos un poco menos desagradable; y porque además zafás de hacerte cargo del miedo que le tenés al ojo ajeno y al tuyo propio.  


miércoles, 2 de octubre de 2013

Encuentro I

Hoy me tomé el 53 en Boedo, para volver a Caballito, y me encontré con un compañero de natación. Lo saludé rápido al pasar, a pesar de que el colectivo no estaba completamente lleno, y mi compañero se me quedó mirando. Me di cuenta que no me reconocía...  No tardó en llegar la pregunta: "¿De dónde nos conocemos?". 
Fue un momento realmente bueno. Los dos nos reímos: yo porque creí haberla pifiado como la mejor, aunque estaba muy segura que era él, y él porque suponía lo que después confirmaríamos.
"¿Vos no sos...?", "Soy el hermano", me dijo. "Mellizo", agregó después de unos segundos. Nos volvimos a reír, pero el que más se rió fue el amigo que lo acompañaba que vio todo esto desde afuera. 
Me acuerdo de mi cara y de mi confusión y, todavía, me río. Nunca me había pasado. 
Cuando me bajé del colectivo, ellos se bajaron atrás. Los saludé y empecé a caminar... "Justo estoy hablando con él; te manda un beso". 


Nota mental

El amor puede estar a la vuelta de la esquina... yéndose con otro.