martes, 8 de abril de 2014


"No seremos nunca la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar  que sólo en la aritmética
el dos nace de la suma de uno más uno."

jueves, 3 de abril de 2014

Recuerdos de la Isla

Acabo de terminar un libro. No es cualquier libro. No es prestado ni regalado ni es de la facultad.
Lo compré después de mi paso por Isla Negra. Como para muchísimas otras cosas, Wikipedia y Google Maps no alcanzan para definir la belleza y la historia de ese lugar.
Corre por cuenta del lector la búsqueda de información sobre el sitio y lo que hay allí, dado que mis habilidades como guía turística dejan bastante que desear.
Volviendo al libro: mitad autobiográfico, mitad hoja de ruta, me trae las imágenes y sensaciones más placenteras de ese mar que se ve detrás de los grandes ventanales de la casa en la Isla; y es como si pudiera estar ahí a cada renglón que leo.
A Isla Negra llegué por mi amiga Jose, que la visitó catorce años antes que yo y, con justa razón, nunca se olvidó de todo lo que había visto. Cuando el viaje a Chile empezó a tomar forma, una de las primeras cosas que decidimos fue que Isla Negra sería un destino impostergable. Ya estaba advertida de la belleza a la que me iba a enfrentar, pero nunca me imaginé que iba a emocionarme tanto.
Es la casa de la playa que todos soñamos. Pero el amor y la pasión por el mar de su dueño, para mí, es lo que la hace única. Todo lo que hay ahí tiene relación de una u otra manera con la vida marina; desde la arquitectura hasta la decoración. Todo está pensado para que la fuerza del mar invada cada ambiente de la casa. Yo me sentí contagiada por el cariño de ese hombre a esa tierra y esa casa. Su incansable interés por el mar despertó una especie de identificación en mí. Me acuerdo que esa noche le mandé un mail a mi mamá para contarle lo que había visto y, si bien fui muy ilustrativa en algunos aspectos, no pude describirle con exactitud -mucho menos con claridad- cuánto me había conmovido esa visita a la Isla.
Por eso, varias semanas después y estando en costas argentinas, compré el libro. No sabía exactamente qué me iba a encontrar en sus páginas, y debo reconocer que mis expectativas no eran -lo que podría decirse- "generosas". Por suerte para mí, hay varios capítulos y anécdotas dedicadas a Isla Negra. De todo, sin dudas es lo que más disfruté.
Hoy ese libro llegó a su fin y ya está durmiendo en la biblioteca con otros que han corrido su misma suerte; esperando a que un día -probablemente cuando el recuerdo de la casa de la Isla esté un poco nublado en mi mente- lo vuelva a abrir para recorrer sus pasillos desde el asiento del colectivo o el sillón de casa, con la misma alegría que los recorrí mirando el mar.

Nota mental

El amor puede estar a la vuelta de la esquina... yéndose con otro.