Fue un momento realmente bueno. Los dos nos reímos: yo porque creí haberla pifiado como la mejor, aunque estaba muy segura que era él, y él porque suponía lo que después confirmaríamos.
"¿Vos no sos...?", "Soy el hermano", me dijo. "Mellizo", agregó después de unos segundos. Nos volvimos a reír, pero el que más se rió fue el amigo que lo acompañaba que vio todo esto desde afuera.
Me acuerdo de mi cara y de mi confusión y, todavía, me río. Nunca me había pasado.
Cuando me bajé del colectivo, ellos se bajaron atrás. Los saludé y empecé a caminar... "Justo estoy hablando con él; te manda un beso".
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