Parcialmente nublado-probabilidad de chaparrones
Un debate filosófico a la mañana
temprano sobre “el olvido del ser”, el proceso, la reflexión,
las ideas y por último, la culminación. Debate iniciado en el siglo
V a.C, abordado por cantidad de personas dedicadas a la búsqueda de
eso que hace que las cosas sean, retomado en las escuelas y
universidades por alumnos y profesores, hojas y hojas escritas en
manuales... Como si todo terminara ahí. Dos mil quinientos años de
construcción del olvido, que culminan ahora, en esta época nuestra,
y de la mejor manera: el olvido es el fin mismo, no hay reflexión
posible sobre por qué se consuma; simplemente existe y es el
resultado irreductible del proceso.
Catorce siglos de análisis en torno a
conceptos como idea-ser-presencia-orden-inmediatez, nos refrescan la
cotidianidad de estas palabras y cuánto las usamos para referirnos a
diferentes cosas. Aplicables a las más diversas situaciones, en este
caso: las relaciones humanas. ¡Que fiaca los vínculos humanos! Y
cuando digo “fiaca” me refiero al hecho de ser consciente de cuán
complicados somos todos, y lo mucho que nos cuesta relacionarnos con
la mente y la claridad intacta. Me parece inútil recaer sobre el
porqué de la cuestión, en cambio, entender que las cosas son porque
se nos presentan inmediatas y con esas características. En tal caso,
preguntar(nos) qué genera ese encuentro entre las cosas y uno, qué
hago con lo que se me presenta en ese momento y de ese modo; y si es
posible capitalizarlo a mi favor, o no.
Los sentimientos que nacen a partir de un vínculo, a corto o largo plazo, se ven ultrajados de una u otra manera. Por desilusión, por inseguridad... Siempre hay algo que nos enfrenta a una realidad que hasta el momento, tal vez, no considerábamos posible. Pensar que esto no sucede seria una necedad.
¿Quién no ha depositado expectativas más de la cuenta? Y ahí está el inicio y sobre lo que los vínculos se fundan: la especulación. Basta un segundo para crear hipótesis que sólo existen en nuestra imaginación, de las cuales no tenemos y probablemente no tengamos jamás una confirmación; automáticamente nos transportamos a un mundo paralelo, de lo más ficticio y al cual sólo nosotros podemos acceder. Después de eso, nos damos cuenta de lo rápido que funciona la mente, con qué facilidad llegan las ideas y ahí sí nos preguntamos por qué no funciona de la misma manera cuando es realmente necesario.
Pero de la especulación se desprenden muchas cosas que afectan la interacción y la participación en ella. Como seres sociales, todavía no la tenemos muy clara con la proyección de sentimientos y necesidades para con otros. Creo que no podemos dominar, y por qué no definir, lo que sentimos; por lo tanto proyectamos excesivamente y, generalmente, de la manera equivocada.
Las cosas son. Me corro un momento de la manía que tenemos todos se cargar de sentido todo lo que nos rodea. Son y están ahí de esa manera porque ese es su fin.
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