viernes, 29 de noviembre de 2013

Cosaslindas

Lo lindo empieza temprano, tipo tres de la tarde, saliendo de un local de camping en Gascón y Bartolomé Mitre. Como el sol rajaba la tierra y el vientito era divino, decidí no tomar el colectivo y continuar mi recorrido caminando. Así caminé hasta Av. La Plata y Alberdi, y después hasta México y Quintino. Pedí prestado el barrio y lo caminé como dos horas...
Volví a mi casa, lista para un café con leche y un rato en el sillón para descansar antes de ir al club.
Lo más lindo de lo lindo llegó cuando, en el club, me metí en la pileta. A través del cerramiento, entraban los últimos rayos de sol del día. Nunca había visto la pileta así. Mejor dicho, nunca la había nadado así. Lo que se veía debajo del agua era hermoso, cinematográfico. Las burbujas de agua, los colores, nosotros; todo se veía más claro, como si la pileta estuviese al aire libre.
Como todo lo bueno, duró poco. El sol bajó rapidísimo y la pileta volvió a ser la de siempre, pero de alguna manera esa sensación de luz subacuática quedó en mí porque todavía la recuerdo y me alegro cuando pienso que supe disfrutarla.


Esta es una foto que habré sacado alguna vez de google, que
guardé y que me gusta pensar que soy yo.

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Nota mental

El amor puede estar a la vuelta de la esquina... yéndose con otro.