viernes, 6 de septiembre de 2013

Hallazgo II

Hoy fui al club a visitar a mis compañeros de natación, para que vean que aún vivo, y para llevar el certificado de mi alta médico, que dice que dentro de dos semanas puedo volver a chapotear. Un reencuentro inesperado, no porque me extrañan sino porque nadie sabía a qué se debía mi ausencia. Hasta hoy, mi memoria había borrado el registro de la temperatura que hay fuera del agua en ese lugar... Realmente sofocante; por lo que me vi obligada a contar las desventuras que sufrimos mi mano y yo lo más rápido posible. 
Reconozco que estos reencuentros me cargan de una emoción particular, entre nudos en la panza y alegría. Del club me fui contenta, sabiendo que pronto podría volver.
Caminé hasta la avenida para volver a casa, escuchando y cantando IKV, y como tenía tiempo de sobra entré a un mal llamado "Todo por $2" (mal llamado porque ya no existe más comprar por $2, salvo que compres caramelos o chicles en un kiosko).
-Los pinceles marca Tigre son muy conocidos y frecuentados por los estudiantes o aficionados del arte. Son de muy buena calidad y salen la mitad que los pinceles de primeras marcas. Generalmente, vienen en paquetes de seis u ocho unidades; a veces de distinto número, o no. 
La última vez que conseguí estos pinceles fue en marzo, en un bazar chino del centro, en Corrientes y Callao.-
Entré al bazar con menos expectativas que las que tuve cuando entré ayer a la librería. A la derecha del pasillo, estaban todos los pinceles Tigre colgados en sus paquetitos. Había tanta variedad que no sabía cuál elegir. Estuve casi veinte minutos mirándolos hasta que me decidí y agarré dos paquetes, fui a la caja, pagué, subí aún más el volumen de IKV y me fui. 
Llegué a mi casa emocionadísima. 
Dos grandes hallazgos seguidos, ambos impensados.
Caballito: gracias, otra vez.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Hallazgo

Hay una librería acá a la vuelta de mi casa que es lo mejor. Mejor incluso que las grandes cadenas de librerías artísticas. Una vez más me pregunto por qué me empeño en seguir acudiendo a los capos de los productos artísticos, si esta humilde librería lo tiene todo.
Una vez tuve que comprar UHU... El pomo grande, el de 125 ml. No la barrita ni el pomo chico ni el spray ni Voligoma. UHU. De 125 ml. Ningún comercio del rubro lo tenía; ellos sí. 
Son las 19:46 y hace un rato, cuando me acordé que tenía que comprar una filmina (o acetato o papel de radiografía, como quieran decirle) para la clase de dibujo de mañana, eran las 19:00. En joggineta y buzo, me fui a la súper librería a asegurarme la compra. Cuando la librería es un local muy amplio y luminoso, uno automáticamente tiende a creer que va a encontrar todo lo que busca. Después se da cuenta que algunas librerías son grandes al pedo, o que lo que uno busca no es tan cotidiano como cree.
La librería no tenía la filmina que yo necesitaba, entonces tuve que decidir: me voy a la otra súper librería que me queda a seis cuadras y tardo media hora más, o me voy a casa y mañana no llevo nada. Casi cuando estaba por inclinarme por la segunda opción, me acordé de esta librería que está justo enfrente de la grosa. Es un local chiquito, pasa desapercibido entre una casa de ropa para niños y un kiosko. Entré igual de desesperanzada que la última vez... La vez del UHU.
Mi diálogo con la vendedora fue breve; le pedí lo que quería y me contestó que sí, que tenía en 50x70cm (¡encima el tamaño más grande que existe en ese tipo de papel!). En ese momento casi salto el mostrador para abrazarla; la mina me salvó la clase de mañana. Mientras esperaba que me trajera el rollo del fondo, me puse a mirar la cantidad de productos que tenía en las estantería de la pared. Como es costumbre, miré los pinceles... Los exhibidores generalmente tienen los pinceles ordenados por tipo de pelo, número y forma; pero siempre hay una excepción y era ésta. Del desorden, asomaban unos pinceles largos, de pelo blanco, redondos, bien rústicos, que busqué durante meses por un montón de comercios y barrios para pintar un trabajo de la facultad. 
Cuando la chica llegó con el rollo de filmina, le pedí que me los mostrara. No sólo tenía en mis manos el pincel que venía buscando hace tiempo, también tenía variedad de números para elegir. No podía creerlo, posta. Obviamente, me fui con la filmina y con el pincel, y a la vendedora le dije: "Mañana vengo y me llevo los otros dos". Una vez más, confirmo la lealtad de esta pequeña-gran librería, y me declaro su cliente-fan número uno.
La emoción me invadió a tal punto que cuando volvía caminando a mi casa, pensé en mandarle un mail a Carlos, mi profesor, para contarle lo que había pasado, que había conseguido el pincel (casi un mes o dos después de que lo pidiera).
No puedo parar de mirarlo... Lo puse en la lata con los demás pinceles, pero mide unos cuantos centímetros más que el resto y sobresale considerablemente; lo veo y pienso: "¡Gran hallazgo!".
Gracias Caballito.

jueves, 11 de julio de 2013

 
La foto es un final de cuatrimestre. Sólo una parte; la otra es mucho más sucia y desordenada.
Lo importante es llegar completo, física y mentalmente. Ya está, se terminó. Pero pará, porque dentro de un mes arranca todo otra vez, y ahí te quiero ver.

miércoles, 8 de mayo de 2013

miércoles, 17 de abril de 2013

 
En los días tristes, todas las canciones nos resultan igualmente tristes y tristemente autobiográficas.
 
 

lunes, 15 de abril de 2013

Las cosas

Lunes, 15 de abril
Parcialmente nublado-probabilidad de chaparrones



Un debate filosófico a la mañana temprano sobre “el olvido del ser”, el proceso, la reflexión, las ideas y por último, la culminación. Debate iniciado en el siglo V a.C, abordado por cantidad de personas dedicadas a la búsqueda de eso que hace que las cosas sean, retomado en las escuelas y universidades por alumnos y profesores, hojas y hojas escritas en manuales... Como si todo terminara ahí. Dos mil quinientos años de construcción del olvido, que culminan ahora, en esta época nuestra, y de la mejor manera: el olvido es el fin mismo, no hay reflexión posible sobre por qué se consuma; simplemente existe y es el resultado irreductible del proceso.
Catorce siglos de análisis en torno a conceptos como idea-ser-presencia-orden-inmediatez, nos refrescan la cotidianidad de estas palabras y cuánto las usamos para referirnos a diferentes cosas. Aplicables a las más diversas situaciones, en este caso: las relaciones humanas. ¡Que fiaca los vínculos humanos! Y cuando digo “fiaca” me refiero al hecho de ser consciente de cuán complicados somos todos, y lo mucho que nos cuesta relacionarnos con la mente y la claridad intacta. Me parece inútil recaer sobre el porqué de la cuestión, en cambio, entender que las cosas son porque se nos presentan inmediatas y con esas características. En tal caso, preguntar(nos) qué genera ese encuentro entre las cosas y uno, qué hago con lo que se me presenta en ese momento y de ese modo; y si es posible capitalizarlo a mi favor, o no.
Los sentimientos que nacen a partir de un vínculo, a corto o largo plazo, se ven ultrajados de una u otra manera. Por desilusión, por inseguridad... Siempre hay algo que nos enfrenta a una realidad que hasta el momento, tal vez, no considerábamos posible. Pensar que esto no sucede seria una necedad.
¿Quién no ha depositado expectativas más de la cuenta? Y ahí está el inicio y sobre lo que los vínculos se fundan: la especulación. Basta un segundo para crear hipótesis que sólo existen en nuestra imaginación, de las cuales no tenemos y probablemente no tengamos jamás una confirmación; automáticamente nos transportamos a un mundo paralelo, de lo más ficticio y al cual sólo nosotros podemos acceder. Después de eso, nos damos cuenta de lo rápido que funciona la mente, con qué facilidad llegan las ideas y ahí sí nos preguntamos por qué no funciona de la misma manera cuando es realmente necesario.
Pero de la especulación se desprenden muchas cosas que afectan la interacción y la participación en ella. Como seres sociales, todavía no la tenemos muy clara con la proyección de sentimientos y necesidades para con otros. Creo que no podemos dominar, y por qué no definir, lo que sentimos; por lo tanto proyectamos excesivamente y, generalmente, de la manera equivocada.
Las cosas son. Me corro un momento de la manía que tenemos todos se cargar de sentido todo lo que nos rodea. Son y están ahí de esa manera porque ese es su fin.

Nota mental

El amor puede estar a la vuelta de la esquina... yéndose con otro.